Mi Caleidoscopio

A través de él puedo darle una mirada a esta vida multicolor, mágica, irrepetible, nostálgica, bella...

:::Tan Real como la vida misma:::

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"Una mirada pausada a este puto mundo acelerado. Buscando sensaciones a través de las palabras, las imágenes, la música. Para interpretar mejor a esta
vida mágica, multicolor, irrepetible, nostálgica y bella..."

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Cristián Durán
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Los Secretos Mejor Guardados de las Mujeres

Enviado por Malú el mié, 14 nov, 2007 a las 18:42
Malú

Para la mayoría de los hombres, las mujeres estamos escritas en otro idioma. Somos como actrices extranjeras, como un ovillo de lana enredado, como una piedra rosetta. No entienden nada de lo que sentimos o necesitamos. Por ignorancia, intentan acercarse a nosotras de de manera formularia y superficial, y en consecuencia, la mayoría del tiempo nos sentimos vacías e incomprendidas.

No obstante, algunos hombres, por herencia o por azar, han podido entrever el nebuloso mundo femenino de otra manera. Sus hermanas charlatanas o sus incontinentes madres les han revelado, por ejemplo, que odiamos que nos ignoren, que no recuerden lo que les pedimos, o que huyan como ratas de una discusión.

Sin embargo, a pesar de estos torpes esfuerzos y revelaciones parciales, las mujeres seguimos siendo para los hombres, una bolsa llena de agujeros. Tenemos tantos secretos y atajos que es imposible llegar al centro.
Sigue ahora, una traducción esforzada y generosa de algunas molestas incógnitas que todavía guardamos a la sombra de la verdad. No creo que sirvan de mucho, pero mi ambición es poca: si un hombre más nos entiende, habrá valido la pena.

1. Tenemos una compulsión enfermiza por depilarnos
Hace tiempo todos aceptamos que la depilación es un hábito bárbaro y machista que degrada a la mujer, y, sin embargo, cuando un hombre nos sugiere que dejemos de hacerlo, amenazamos con suicidarnos. Es la cera o la vida.

¿Cómo puede ser que hayamos podido abandonar el corset y el miriñaque, o las calurosas enaguas con puntillas y no hayamos podido zafar de esta tortura?

El secreto por el cual nos depilamos reside en la privacidad de las camillas de los centros de belleza o en el corazón de cada botiquín del baño: a pesar de nuestras amargas quejas, arrancarnos esos pelos es una forma de felicidad.

Nos encanta extraerlos uno por uno y verlos pegados a la cera como millones de hormigas atrapadas en la arena. Podemos pasar horas mirando nuestras piernas como palomas buscando alimento en el piso de una plaza, buscandonos pelos en las cejas frente a un espejo, o admirando los rodillos de la depiladora eléctrica trabajar.

No puedo explicar por qué, pero despedirnos de ese vello que cosechamos en nuestro propio cuerpo, nos genera un doble sentimiento: la indignación de comulgar con un hábito tan salvaje, y la serena gratificación de quien realiza una artesanía.

2. Tenemos una falla en el sistema racional
Es muy común que una mujer interrumpa una actividad de rutina para llorar desconsoladamente. A veces sólo basta un pequeño traspié (se quema la comida o se derrama la sal) para tener un acceso de pena. Cuando esto sucede, los hombres quedan perplejos: no logran entender por qué lloramos, si hasta entonces “estabamos tan bien”, y prefieren, entonces, pensar que estamos locas.

A pesar de lo que cree la mayoría, este vicio tan irritante no es un síntoma de demencia, es una falla en el sentido común llamada golpe de estado emocional; un instante de trágico descuido en el que las emociones pisotean y derrocan a la razón tomando el control absoluto de todo el cuerpo.

El sistema dramático envía agudas descargas de indignación al cerebro, y en menos de cuarenta segundos, congestiona el hemisferio izquierdo, produciendo episodios de crisis emotiva y profuso llanto.

El encéfalo, desbordado y caliente como una molleja, redirige a la mujer a la manera de un escudo que rechaza toda argumentación racional o intento de postergar la disputa, recita extensos inventarios de suculentos reproches, estimula los lagrimales, y tiene violentos chispazos de ira demencial. Sólo después de varias horas, con el llanto entrecortado por el hipo, las emociones le restituyen el mando al sentido común, que nos duerme mansas y culpables hasta el otro día.

3. Creemos que 10 + 10 es igual a 7
Las mujeres tenemos una matemática simbólica paralela. Mientras para el resto del mundo un número es un número, para nosotras son dos: el que decimos, y el que callamos. Las modelos, por ejemplo, tienen noventa centímetros de cadera; todas las demás mujeres, obviamente, tienen más, mucho más. Y sin embargo ¿Alguien escuchó jamás a una amiga decir que tiene «un metro» de contorno?

Lo mismo sucede con el peso: todas las mujeres pesamos 49 ó 59 kilos, y, si somos muy grandotas, 69, pero ninguna acusa 62 o 71. Nadie sabe tampoco quién usa talle large o extra large; porque todas somos (como mucho) medium, talle 1 ó 2 de medias, y 37 de zapatos.

Tampoco es fácil descubrir la edad: todas las mujeres tenemos 29 ó 38 ó 49 años y medio; en 1977 y 1967 no nació nadie. Menos aún puede saber un marido «cuanto costó la remerita», porque siempre, absolutamente siempre, «estaba de oferta». Por último, nadie puede confirmar la cantidad de amantes que tuvo su novia antes, porque hay muchos “que no cuentan” y otros que es mejor olvidar.

4. Regamos sus secretos por todos lados
Las mujeres tenemos un sentido de la privacidad muy difuso. Mientras los hombres apenas si le dicen a sus amigos que estan saliendo con una chica, nosotras vomitamos toda la información luego de la primera salida.

Entre amigas, las confidencias viajan como un malón de indios borrachos que van a saquearlo todo. Hablamos tanto, que destruimos el tabique de intimidad que separa a la una de la otra. Somos como dos celulares con bluetooth, como un extenso túnel que nunca dobla, como una cuadra de casas sin medianera.

Si bien los hombres conocen esta debilidad, no se imaginan al grado de indiscreción al que podemos llegar. Ignoran que esa amiga que viene a casa tan seguido sabe absolutamente todo sobre ellos. Que conoce todos sus movimientos en la cama como si los hubiera espiado. Que sabe que cuando eran chicos se tocaban con sus primas y jugaban con las muñecas de sus hermanas.

Ignoran que a esa amiga se le desprendió la laringe de tanto reirse cuando supo que lloraron con Bambi o Dumbo; que los detesta porque nos dejaron plantadas o nos hicieron llorar, y que nos aconseja que los dejemos cada vez que le contamos la última estupidez que hicieron.

5. Somos amazonas
Cuando una mujer descubre que su marido la engaña lo primero que pregunta no es: “¿Por qué lo hiciste?“, sino “¿Quién es ella?”. No le interesan los motivos de la traición; lo que le importa saber es si la otra era más jóven o más linda, si era mejor en la cama, en dónde se conocieron y cuantas veces tuvieron sexo.

Cuando yo era más jóven, por ejemplo, terminaba todos los años durmiendo con mi ex novio. Invariablemente, sin importar cuales fueran las circunstancias, luego de un tiempo caíamos en la misma rutina: nos despedíamos, nos separábamos, y volvíamos a dormir juntos cuando él estaba de novio con otra.

Durante un par de años pensé que estas idas y vueltas significaban que estabamos hechos el uno para el otro; pero mi reincidencia tenía muy poco que ver con el amor. Mi deseo no era recuperarlo. Mi objetivo era probar que yo era inolvidable. Competía con ella sin importar quien fuera; tenía que demostrarle al mundo que yo era la mejor de todas.

Las mujeres, a diferencia de lo que los hombres creen, estamos en constante conflicto con nuestro género. Ellos son, cuando mucho, personajes secundarios. Cuando vamos a un casamiento, por ejemplo, no nos importa llevar compañía para bailar o para conversar entre comidas.

Necesitamos llevar pareja para que el resto de las mujeres no puedan jugar la carta de: “yo tendré tres niños y pareceré un colchón mal atado pero tú ni tienes marido”, y nostras podamos, en cambio, mostrar nuestro juego: “Mientras tú fregás pañales de rodillas yo tomo cocktails con sombrillitas y me burlo de tu guata”.

6. Somos puro envoltorio
No es ningún secreto que las mismas mujeres que se ofenden por una grosería, en la intimidad son mucho menos remilgadas. Sin ir más lejos, los hombres -que intuyen esta hipocresía- suelen preguntarnos incisivamente qué hacemos cuando estamos solas. Sin embargo, estos curiosos apenas sospechan el grado de impostación a la que podemos llegar.

Las mujeres que apenas comen en una cita, por ejemplo, llegan a su casa y se atoran con galleta rancia, desgarran un salame entero con los colmillos y apuran una lata de salsa de tomate de un trago.

Aquellas que censuran a un hombre por limpiarse con el puño, son las mismas que pescan pantys del canasto de la ropa sucia antes de ir a trabajar, eructan como un albañil descompuesto delante de las amigas y comparten con su gato un yogur a la mañana.

Y también están las que se escandalizan cuando alguien les grita cochinadas por la calle, y luego escupen cuando nadie las mira, se lanzan como una araña sobre un taxi boy o gritan como tumberas depravadas en la cama.

7. Vamos al baño juntas por necesidad
A los hombres les gusta inventar fábulas femeninas de corte lesbiano-inverosímil. Están convencidos, por ejemplo, de que el baño es para nosotras un bollero hamam en el que nos embadurnamos de lapiz labial transpirado y nos acariciamos el cabello mientras nos decimos, pegajosas bajo el vapor del secamanos, qué lindo nos queda el pantalón.

Es hora de que se sepa: cuando vamos al baño juntas no hablamos de ustedes ni nos manoseamos. Si vamos de a dos es porque nos llevaron a una fonda mugrienta en la que nuestra compañera tiene que sostenernos la puerta del baño o boxear contra otra mujer por el último cuadrito de papel higiénico.

Mientras ustedes creen que “cuchicheamos” estamos combatiendo el cólera trepadas sobre una letrina y repeliendo murciélagos con la tapa del tacho de basura.

Y ya que estamos, tampoco jugamos a la guerra de almohadas cuando dormimos juntas, no nos secamos entre nosotras en los vestuarios, ni nos sentimos extrañas y confundidas cuando le pasamos bronceador a una amiga por la espalda.

8. Somos víctimas del amor colectivo
Todas las mujeres compartimos sin saberlo un tórrido amorío unilateral. Como telépatas programadas nos enamoramos, sin premeditación, de un mismo hombre al mismo tiempo.

Durante mucho tiempo ignoramos este tibio sentimiento que trasciende nuestros gustos personales, hasta que un día, viendo una película o una serie de televisión, nuestros suspiros se encuentran y la verdad sale a la luz.

En una época fue Brad Pitt, luego vino George Clooney, después Russell Crowe y hasta hace poco, Jude Law. Sin embargo, en este preciso momento, todas quieren a Adrien Brody y a Roger Federer.

 

Fuente: Metrópolis

 

No necesariamente somos tan así al pie de la letra...algo de esto hay, eso es cierto. Personalmente creo que somos bastante alunadas, aproblemadas, hormonales, medias histéricas y a veces ciclotímicas...pero en el fondo somos muy buenas.

Saludos

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te ame

Enviado por el vie, 16 nov, 2007 a las 12:56
ronald

es el tipo de columnas que me gusta leer

a pesar de quescribo muchisimo, cuando hay un tema que no me interesa simplemente no lo leo, tu escrito me llamo mucho la atencu¡cion y lejos de ser pajero pa mi leerlo se ha transformado en una endulzante forma de comenzar mi dia...

 

sabes somos tan difernetes hombres de mujeres...incluso para mi, que tengo un lado femenino mas desarrollado me cuasta un poco entender muchas de la conductas que el genero femenino desarrolla, aun asi creo que las mujeres entregan todo lo que el hombre adolece, no necesita ser igual porque en la diferencia esta la verdadera igualdad... el verdadero equilibrio

jajaja una vez me preguntaron porque no me sgutaban las minas

y yo dije: la vrdad no se, en verdad me encantan jajajaja, en serio es una dualidad tan rara, la amyoria de mis amigos sona en cantidad mayor mujeres, la unica respues que se me ocurre tiene que ver con, obviamente, el lado sexual...me imagino violentamente con un mino, no asi con algo tan fragil hermoso, sutil y casi intocable pa mi como una mina

 

 

lamentable quizas los colas tenemos ese lado femenino que permitira que hombre y mujer pudieran ser mas parecidos en terminos practicos, pero eso mismo hace que la atraccion en esos terminos no exista ya que un weon bruto que no entende nada, necesite que alguien le diga como enfrentar muchos proceso y ahi la mujer es quien la lleva, lamentablemente los grandes eventos de la historia en su mayoria tienen nombre de hombre....

...pero porfavor, sabemos que detras de esas grandes desiciones hay mujeres que se merecen el merito

para bien o para mal

 

 

 

saludos

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ronvar




hola ronvar

Enviado por el lun, 19 nov, 2007 a las 11:55
Malú

Que bueno que te ha gustado...ojalá continues leyéndome como yo lo hago contigo. Te invito a que mires un post pasado llamado Mátame Suavemente...las palabras no son todas mías, pero interpretan muy bien ciertas cosas que dices.

te mando un beso  

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú


¿¿¿????

Enviado por el jue, 15 nov, 2007 a las 10:04
Juan Carlos
Sin palabras......con ese escenario me quedo con un perrito.

sobre el escenario

Enviado por el lun, 19 nov, 2007 a las 15:39
Juan Carlos

Mi respuesta es por que tioem en parte con humor el texto.

Lo que extraje de la lectura es un escenario complejo y por momento percibí algo negativo de la mujer. No lo puedo ver así. Considero que hay una serie de eventos y elementos que incide en la personalidad femenina :evento fisiológicos (como el hecho de ser madre, su menstruación, menopausia), eventos de la vida misma (traumas), deseos, anhelos, etc.

Y que!!!!, al meno digo yo. ¿Cual es la diferencia con el hombre?. También los tiene, también tiene los mismos procesos fisiológicos, traumas, deseos, anhelos. Una de las grandes diferencias es que el hombre las niega y las mujeres no las reconocen.

Tal vez hay algo que no percibi de la lectura o bien me falto entenderla en su totalidad pero lo que extraje es un escenario complejo y negativo del análisis desde la perspectiva sincera de una mujer que mas bien me parece algo solitaria. Desde ese punto de vista me parece fantástico, siempre escribir de esa forma va a ser favorable.

Sin ánimo de parecer cursi, considero lo máximo a las mujeres, me encantan, me fascinan y en algunos casos me transtornan. La complejidad femenina no es tal, es justamente su escencia, lo que las hace mujer, tan solo eso, un ser femenino. La verdad que mi lectura es mas bien otra : ¿De donde ha salido esto que siempre se tiene que estar bien?, que siempre se debe estar en la cima?, ¿de donde salio que la mujer no pueda expresar su emoción? (de hecho si se de donde sale).

Ojo con las reflexiones que salen desde la soledad.

Cuando existe una comunicación esquisita jamas he notado ese tipo de escenarios tan complejos del texto. 

 

Un abrazo y bueno el artículo dado que te lleva al "escenario" de pensar.




quizás JC

Enviado por el lun, 19 nov, 2007 a las 17:52
Malú

Exista una mirada un tanto negativa de mi parte y también solitaria pero siempre sincera, pues no siempre me gusta ser mujer, es decir, me encanta, creo que lo llevo lo mejor que puedo, pero por momentos quisiera ser más práctica, menos compleja, menos enredada y menos acomplejada con ciertas cosas...

No todas las mujeres somos iguales, como tampoco lo son los hombres, eso está clarísimo. Quizás tenga algunos años más que tú y vivo en pareja desde hace mucho y aunque han sido años buenísimos, ha sido un tira y afloja constante, eso es parte de la comunicación exquisita que existe como dices tú, pero una cosa no quita la otra.

saludos 

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú


mmm???

Enviado por el mar, 20 nov, 2007 a las 8:39
Juan Carlos

El texto esta muy bueno pero tenía entendido que la fuente era de una revista y que no había sido escrito por ti.  En fin sobre el punto si "ponerse a pensar el porque el agua moja" tiene mucho sentido solo si el proceso de la reflexión lleva a un estado mejor o algo importante.

El texto me gusta porque es descriptivo de hábitos, lo que me parece raro es que tiene una carga de lata, de pena o como si fueran malos estas acciones. Osho decía : ¿te gusta fumar y quieres dejarlo?, ¿por que?, ¿para qué? si ya esta en ti y te ha acompañado tanto tiempo. Lejos esta en el querer impulsar que se siga fumando mas bien esta en el hecho de cambiar el hábito pero con un algo de alegría.

Gracias por los comentarios y por tus textos dado que me gustan y me sirven en general, de hecho me sirven para una idea que estoy pensando e ideando. ¿Te adelanto algo?, para los Taoistas, o la filosfía oriental en general, les desagradan las reflexiones que no tengan un objetivo, el pensar por pensar no sirve de mucho si no tiene un propósito. La idea romántica que tenemos de ellos es equivocada, todo tiene un propósito, un buen propósito. Hace un tiempo tuve la suerte de conocer a un Lama Tibetano que me comentaba que el Budismo en el fondo es una fe con bases científicas, vale decir : si sigues este camino de práctica te va a llevar a esto, si sigues este otro te va a llevar a otra meta y así.

Veamos que sale y gracias

Un abrazo


razón tienes

Enviado por el mar, 20 nov, 2007 a las 13:21
Malú

El texto casi en general es de una revista, yo incluí algunas cosas que pienso como mujer (género)...porque a veces decimos, pero actuamos de una manera diferente. No podría comentar a cerca de la filosofía oriental, pues soy nula...he hecho yoga e he intentado aprender algunas cosas, pero soy inquieta y  aunque en los momentos en que lo realicé me hizo muy bien, es algo que tengo pendiente para mi.

Ojalá que tu idea llegue a buen puerto, sy i pides opiniones no dudes en preguntarme, aunque sea cero a la izquierda con esas cosas del oriente y mi filosofía personal sea nula...igual puedo darte mi mirada, algo oblicua, pero mirada al fin y al cabo.

saludos y gracias por escribir. 

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú


y me falto mas

Enviado por el lun, 19 nov, 2007 a las 15:49
Juan Carlos

y me falto algo : el documento habla mucho de hábitos (de ir al baño juntas, de como suman, etc.), ¿sabes cual es mi opinión? : Eso es algo que viene con la edad, son cosas que se aprenden y se enraizan en tu piel como cepillarse los dientes, asi de simple. He conocido increibles físicas y matemáticas mujeres.

Algunos le llaman mañas otros hábitos sicológicos, otros genes, etc. desde mi punto de vista es darle vuelta y ponerse a pensar del "porque el agua moja" (es mi forma elegante de decir cuando se da vuelta en una idea sin sentido)


hábitos

Enviado por el lun, 19 nov, 2007 a las 17:59
Malú

Buenos o malos, los hábitos como ir todas al baño o aguantarnos hasta más no poder, son cosas enseñadas desde chicas por nuestras propias madres y así de generación a generación...lo que hoy es la mia, es un tanto culpable del descontrol que a veces existe en la adolescencia por haber vivido quizás muchos años sin hablar de ciertas cosas, como los hombres, el sexo, la política, la religión, etc.

Y tu manera elegante de decir las cosas....me queda absolutamente clara....la tendré presente 

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú


Por qué????

Enviado por el vie, 16 nov, 2007 a las 11:02
Malú

Cuál es ese escenario?...dale, comenta 

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú







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La Fuerza de la Vida - Inconsciente Colectivo

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Nace una flor, todos los días sale el Sol, de vez en cuando escucho aquella voz...como de pan gustosa de cantar, en los aleros de las chicharras...

- Charly García -

- suena -

::: Esta Tarde:::

Ahora quiero amar algo lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.

(Alfonsina Storni)

..:: Malú, Che Cosa Sei ::..

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Me incorporo descalza, despojada de sombras.  Recupero mi cuerpo, mi esencia, hasta mi voz. 

Y comienzo a moverme, dejándome llevar. 

Danzando, amor, en espiral...

- Malú -

 

"Todo lo que no se da, se pierde"

PARA SER FELIZ...DEBES

- Vivir para dar. Caminar para encontrar.
Sonreír para alegrar. Tener para compartir.
Repartir para aliviar. Esperar para abrazar…
Son actitudes saludables, que pregonan
la hermosa aventura de ser humano -

 

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Plasmaré en mis pensamientos,
los instantes compartidos,
y seguiré a través del tiempo,
recordando estos momentos.
La sonrisa contagiosa,
el comentario divertido,
aquel mensaje bullicioso,
dirigido a los amigos
.