Ya decidí que este blog es un sube y baja...ayer fue profundo y rebuscado y hoy es liviano y simple. Y bueno...Así soy también, es un pedacito de mi.
Mis mañanas siguen siendo inolvidables y me encargo de repartirlas por todas partes. Las dejaré aquí para siempre y las llevaré puestas hasta el final del camino. Porque siempre han tenido un significado especial, comenzar un nuevo día es nacer de nuevo.
Y será que en la infancia la felicidad se mide con la vara correcta, será que mi alegría la empiezo a construir con retazos de estos pequeños momentos que mis hijos me regalan, será lo que será pero...pido a la vida tener siempre de estas mañanas cada noche que me duermo.
Recuerdo de alguna mañana pasada:
Cuando mis hijos eran pequeños, me despertaba con el timbre del despertador, me tiraba de la cama en busca de los calcetines azules para ir al colegio, con seguridad pisaba algún autito o le rompía algún juguete tirado en el suelo en la pieza de ellos. Llantos al por mayor por el daño causado y la promesa de que lo encontrarían arreglado al regresar del colegio. Baño, lavada de dientes, peinarse y a medio mojar la cara.
Ya vestidos en el desayuno, alguno se recordaba que debía llevar información de algún tema en especial y había que correr a buscarlo a último minuto, el otro diciendo que estaba invitado a la casa de un amigo y con una alegría inmensa sacudiendo la cabeza diciendo...."Mamá, el jueves voy a ver a mi ahijado!!!" (su ahijado era Ernesto, el gato siames de su amigo), yo sorprendida respondía... "Ay hijo...cómo vas a hacer el padrino de un gato!", y él con cara de obviedad me dice, "Acaso no soy el hermano de Danko?" (Danko era nuestro perro siveriano, cuyo primo era Julio, un callejero paticorto...que ya no está entre nosotros, que descanse en paz).
Terminado el desayuno me sorprendo al oirlos cantar Mal Bicho de Los Cadillacs. Quedé perpleja ante el recuerdo de las noches en que miraba Martes 13 o Más Música...otras épocas maravillosas de mi vida y continuaron con We are the Champions.
Al verlos así y tratando de apurarme entre las cosas que debía llevar, sus mochilas, mi cartera...no podía dejar de reir.
Ya llegando al colegio dije en voz alta...."Hoy tengo terapia y no tengo ganas de ir", sin ningún problema el más grande me miró y me dijo..."Mamá tú tienes todos los problemas resueltos...solamente nos falta un gato o una tortuga"...Sólo le respondí, ya vamos a tener un gatito o la tortuga (cosa que así sucedió y se llamó Adriana).
Los besé a los dos y les dije, Feliz día hijos... Que afortunada soy al poder continuar repitiendo estas mañanas, quizás con diferentes matices pero siempre sorprendentes.
Saludos a todos.







mañanas
Me gustan los blogs con historias íntimas, me gustó tu historia, la vi perfecta, hasta sentí el autito de tu hujo enterado en la planta de tu pie, jaja.
Y sí, a veces profunda, otras liviana, es necesario ese veivén. ¿Todo bien, no?
Mi madre, que no es religiosa, me contó una vez que agradece a Dios por haber despertado con vida y con su entorno tranquilo todas las mañanas.
Yo lo hago de noche, me da por agradecer la vida, aún cuando me he qujado tanto, al final me da risa todo esto, la locura de la vida, la bendición de la amista.
Ya, me puse mormona pa mis cosas. Me voy al work.
Felicidades, un nuevo día sí es un nacimiento. Lo dice Eliade también cuando interpreta los ritos arcaicos en "El mito del eterno retorno"